Trujillo, la ciudad de la eterna decadencia ... y ahora, en el fútbol [OPINIÓN]

"Salve joven y heroica Trujillo, solariega ciudad colonial". Aquellas palabras de la primera frase del himno de la ciudad evocan la grandeza y señorío que esta tuvo en tiempos pasados. Ahora, aquel orgullo parece ser solo un hermoso recuerdo que hoy se esfuma. Hemos pasado de ser la ciudad de la eterna primavera a la de la eterna decadencia, debido a graves problemas como la corrupción de nuestras autoridades políticas y la ola de criminalidad e inseguridad que atormentan a nuestros paisanos, cuya autoestima se ve decaída cada día que pasa al no cesar los tristes golpes que nuestra realidad nos ofrece. Y uno nuevo cayó, pero esta vez en el ámbito deportivo.
El fútbol, el deporte rey por excelencia y del cual Trujillo es una de las cunas de talento en nuestro país, nos ha mostrado la cara de la decepción y la derrota, aquella que duele en alma y rompe el corazón de aquellos amantes de la pelota que se esperanzaban con seguir viendo a nuestros representantes locales enfrentar a los mejores equipos de una liga que podrá ser nefasta a nivel continental, pero que representa la máxima división de este deporte en el Perú. No obstante, por lo menos, en el 2025 no será así, puesto que tanto la Universidad César Vallejo como Carlos A. Mannucci no lograron salvar la categoría en la última fecha de la Liga 1. De los dos, el que más cerca estuvo de permanecer en primera fue el segundo, el equipo tradicional y del pueblo, pero que cuya ilusión se vio rota en los minutos finales cuando después de ir ganando por 2-0 y de local, el equipo carlista cedió el empate ante Alianza Atlético ante la incrédula mirada del público que fue a verlo jugar. Por su parte, el conjunto de los Acuña fue a Piura de turistas y mostró cómo perder sin una mínima pisca de dignidad. En el primer tiempo ya perdía por goleada de 3-0 ante Atlético Grau, y cerca del final descontó ya con las maletas empacadas para irse a segunda. Un final catastrófico para dos equipos que venían compitiendo estos últimos 4 años por entrar a torneos Conmebol como la Sudamericana o La Libertadores, y que ahora competirán por alcanzar un cupo en la Liga 2 que les permita retornar a primera en el 2026.
De aquello ya pasaron semanas, pero aún en mi cabeza gira la pregunta ¿cómo dos equipos de una misma ciudad que tienen un presupuesto mayor al de otros clubes de provincia acaban siendo los últimos de la peor liga de Sudamérica? La respuesta, claro está, se encuentra en las decisiones que sus dirigentes tomaron a lo largo del año; tan solo hay que darse cuenta que ambos conjuntos tuvieron 3 técnicos a lo largo de esta temporada. Por otra parte, los jugadores también tienen responsabilidad al no haberse esforzado lo suficiente en cancha y reflejar compromiso. Pareciera que solo juegan por cumplir y están esperando recibir su sueldo a fin de mes; aunque haya algunos como Paolo Guerrero, en el caso de UCV, que ni siquiera les importa eso y prefieren hacer una especie de berrinche con tal de safar de la crisis del equipo. El "capitán" demostró una vez más su soberbia que lo caracteriza y por el cual salió mal de algunos de sus equipos en Brasil. Desde el inicio ya mostraba sus signos de incomodidad cuando no quiso ni siquiera cumplir el contrato que él había firmado e hizo todo un show mediático para que lo dejaran salir libre. Richard Acuña se mantuvo firme en hacer que cumpla su palabra y Guerrero, a regañadientes, aceptó jugar en Trujillo. Grave error del hijo de César el haberlo fichado, pues terminó saliendo libre a media temporada por una cuestionable resolución de la Cámara de Disputas de la Federación Peruana de Fútbol, dejando tocado y partido el vestuario del equipo poeta. Para colmo, teniendo 40 años y ganando un sueldazo de 120 mil palos verdes, quitó la oportunidad de jugar quizás a un juvenil de las categorías menores o haber apostado por otro jugador de menos costo pero comprometido con la causa. La UCV a partir de ese momento se fue a menos y decretó un Clausura terrible que le costó el descenso. Ni Mosquera, ni Chicho ni Luis Hernández lograron evitar que se hunda el barco poeta.
Mannucci, que se fue a la baja de forma agónica, tuvo desde el inicio un arranque difícil y nunca supo levantarse de aquello. Es evidente la mala planificación deportiva que se hizo en club que se dice que administrativamente está mejor que años anteriores, pero que los resultados en el verde no reflejan dicho trabajo. Se pensó que teniendo más jugadores en el plantel iba a ser suficiente para cubrir las falencias que el equipo carecía desde lo futbolístico. Un grupo de hasta 35 jugadores que ni Navarro ni Milton Mendes supieron manejar. Parecía que Salomón Paredes iba a lograr el milagro, pero la presión le ganó el duelo a la cabeza de los jugadores. Como escuché a un periodista seguidor del tricolor: "cantidad no es sinónimo de calidad". Cuando se tuvo la oportunidad de afrontar la segunda mitad del campeonato con jugadores que puedan aportar un mejor nivel, Mannucci apenas fichó a Luis Urruti y a nadie más. La falta de fichajes de peso y el escaso ajuste en las estrategias dejaron al equipo a la deriva. La sensación de estancamiento fue inevitable.
Ambas directivas tienen que reflexionar seriamente para el 2025: no basta con tener grandes nombres en el plantel ni con una estructura administrativa sólida si en el campo no se logran las sinergias necesarias para competir. Si ambos equipos no aprenden a construir de manera estratégica y coherente, estará muy difícil que retornen pronto a la máxima categoría. Se necesita que los dirigentes tomen conciencia para que estas frustraciones no se repitan. Esperemos que aprendan la lección y que Trujillo, una ciudad apasionada por el fútbol, vuelva a albergar en su tierra partidos de primera división.
Reportaje declive fútbol trujillano (AUDIO)



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